top of page

SIEMBRA E INCORPORACIÓN DE Crotalaria juncea COMO “ABONO VERDE” EN SUELOS PIÑEROS

  • 28 mar 2022
  • 7 min de lectura

En agricultura, un “abono verde” es un tipo de cultivo, generalmente de ciclo corto, que logra una gran cobertura del suelo y que se siembra no para el consumo, sino exclusivamente para incorporar sus plantas a la tierra como fertilizante, agregando con ello nutrientes y materia orgánica al suelo. Esto, con fines de mejorar el estado nutricional y ocasionalmente el fitosanitario del suelo, en beneficio de cultivos comerciales de alto valor, como la piña. Una de las especies que más potencial tiene para estos fines, es Crotalaria juncea (Figura 1).


Figura 1. Lote piñero sembrado con Crotalaria juncea como “abono verde”, en estado de 50% de plantas en floración, idóneo para su incorporación al suelo.


De acuerdo a Aguilar (2016) en su tesis doctoral “Etiología y control de la pudrición del cogollo de la piña”, el género Crotalaria pertenece a la familia de las leguminosas, constituida a nivel mundial por 550 a 600 especies tropicales y subtropicales, con una mayor concentración de ellas en el hemisferio sur, específicamente en África (Guzmán-Teare, 2001), mientras que 89 están reportadas para América. Varias especies de este género tienen importancia económica por ser forrajeras, medicinales u ornamentales. Algunas de ellas, como es el caso de Crotalaria juncea, pueden ser consideradas como “abono verde” (Avendaño, 2011), aun cuando poseen alcaloides pirrolizidínicos (compuestos básicos nitrogenados de origen vegetal o animal de alta toxicidad, como axilaridine, axillarine, desoxyaxilarine y la monocrotalina o C16H23O6N) que se encuentran en las hojas, frutos, semillas (Fletcher et al., 2009) y raíces de esas plantas. Finalmente, son estos compuestos tóxicos los que le dan a Crotalaria juncea otras importantes propiedades de gran valor para la agricultura, ya que tienen efectos de control sobre varios tipos de nematodos, insectos, ácaros y sinfílidos, entre otros organismos dañinos, cuando tratan de alimentarse de los jugos y partes de la planta durante su etapa de cultivo, e incluso, después de ser incorporadas al suelo.


Wang et al. (2001), señala que la especie Crotalaria juncea como cultivo de cobertura o abono verde, por su asociación con la bacteria Rhizobium (en la rizósfera del suelo), tiene como beneficio fijar hasta 165 kg de N/ha adicionales, si se incorpora antes de su floración, además de aportar cerca de 10 ton/ha de materia vegetal seca, con fines de aumentar el contenido de materia orgánica del suelo.


Por su alta densidad de siembra, alto porte, rápido desarrollo vegetativo y emisión de sustancias alelopáticas contra plantas de otros géneros, la siembra de Crotalaria juncea reduce la presencia y persistencia de malezas por efecto del excesivo sombreo y la alta competencia por nutrientes, humedad y espacio que tienen con este cultivo. Así, los terrenos reducen gradualmente su potencial de infestación por malas hierbas, así como las poblaciones de fitoparásitos asociadas a ellas, en beneficio de los cultivos comerciales a explotar en ellos.

El control sobre los nematodos fitoparásitos que logra Crotalaria juncea se debe a un compuesto tóxico que libera la raíz y resto de la planta, conocido como monocrotalina, el cual inhibe el movimiento y retasa el desarrollo de estos microorganismos (Hooks et al., 2006), principalmente del género Meloidogyne. Según Wang y Schmitt (2001), C. juncea es el cultivo de cobertura más promisorio, de entre los que ellos evaluaron, para el manejo de Rotylenchulus reniformis. También se presume que la monocrotalina, contenida en los tallos, hojas y raíces de las plantas en desarrollo de esta leguminosa, tiene efectos negativos en las poblaciones de sinfílidos, comején, gallina ciega (que se alimentan exclusivamente de las raíces de las plantas) y probablemente del piojo harinoso y ácaros (que se alimentan de la savia y jugos celulares de tallos y hojas), ya que al no haber más alternativas que plantas de Crotalaria juncea en el terreno tratado, su alimentación dependerá totalmente de esta fuente tóxica para ellos, por lo que muchos de ellos morirán por inanición.


Según los últimos resultados que Aguilar (2016), encontró sobre el tema en su trabajo de tesis doctoral sobre los beneficios fitosanitarios que la siembra e incorporación de Crotalaria juncea tiene en los terrenos piñeros, que corroboran totalmente lo reportado por INIFAP en diversos trabajos de investigación regionales, estos indican que: 1) Según el estudio microbiológico del suelo, las poblaciones de nematodos fitoparásitos de los géneros Meloidogyne, Pratylenchus y Mesocriconema, se redujeron entre un 50 y 70% por el efecto tóxico-repelente de este abono verde (Figuras 1, 2 y 3); 2) Asimismo, por efecto del incremento de materia orgánica logrado por el cultivo e incorporación al suelo de esta leguminosa, las colonias de hongos benéficos de los géneros Trichoderma y Aspergillus, se incrementaron en 100 y 150%, respectivamente, en comparación al suelo en donde no se realizó esta práctica; 3) El incremento en la presencia y actividad de estos hongos benéficos, provocaron una significativa reducción de 40 y 50% en las poblaciones de hongos fitoparásitos del grupo Oomycetes (entre ellos, los géneros Phytophthora y Pythium) y del género Cladosporium; 4) El acolchado plástico y la incorporación de Crotalariajuncea, favorecieron a un mejor crecimiento, 15% más, de la planta; 5) El sobre-encalado con cal dolomítica (se aplicaron 2 ton/ha en un suelo con pH de 5.0), incrementó al doble (16%) el porcentaje de incidencia de la pudrición del cogollo en piña, en comparación del suelo no encalado (8%); y 6) Crotalariajuncea mostró ser una excelente alternativa para mantener mejor controlado el hongo causante de la enfermedad (50% menos plantas infectadas que el testigo sin Crotalaria) (Figura 4), tal vez por la acción combinada de la mayor presencia de materia orgánica incorporada en el suelo y la significativa disminución de la población de nematodos lograda por la acción tóxica de la crotalina segregada por las raíces de estas plantas leguminosas.


En las gráficas 2 y 3 se puede apreciar el comportamiento de las poblaciones de Meloidogyne y Pratylenchus, los dos los principales géneros de nematodos fitopatógenos en piña, según mes después de siembra y tratamientos evaluados. La Figura 4, corresponde a Mesocriconema, género también reportado como fitoparásito en piña, aunque con valoraciones del daño inciertas. Los tratamiento evaluados, fueron: cenc (con encalado) y senc (sin encalado); cacol (con acolchado) y sacol (sin acolchado); ccrot (con Crotalaria) y scrot (sin Crotalaria). Se solicita al lector que en cada gráfica, ponga énfasis en las dos últimas columnas de cada grupo (correspondiente al mes, después de la siembra), que son las correspondientes a Crotalaria juncea, ccrot a la izquierda y scrot a la derecha.


Figura 2. Poblaciones de Meloidogyne sp. en 300 g de suelo, según mes después de la siembra y tratamientos evaluados. 2016.



Figura 3. Poblaciones de Pratylenchus sp. en 300 g de suelo, según tratamientos evaluados.



Figura 4. Poblaciones de Mesocriconema sp. en 300 g de suelo, según tratamientos evaluados.



Figura 5. Porcentaje mensual de plantas de piña con Pudrición del cogollo según tratamiento: a) sin Crotalaria incorporada y b) con Crotalaria incorporada. 2016.


Los beneficios que brinda esta especie sembrada como “abono verde”, resulta en significativos ahorros en fertilizantes, acondicionadores y mejoradores del suelo, nematicidas, fungicidas, herbicidas, insecticidas y sinfilicidas, entre otros. Esto permite mejorar el estado fitosanitario del cultivo y su proceso nutricional, por lo que el rendimiento y calidad de las cosechas mejoran significativamente, en ciclos de crecimiento-producción más cortos que bajo un manejo convencional del suelo. El acolchado plástico total, permite conservar y aprovechar mucho mejor estos aportes nutrimentales del “abono verde”, por lo que los terrenos así tratados, mejoran su calidad física, química y biológica ciclo tras ciclo, si esta práctica se instrumenta de manera permanente y de la manera adecuada.

El costo de implementación, oscila en $5,000.00/ha e incluye: $1,500.00 por 25 kg de semilla y $3,500.00 desde siembra, protección y mantenimiento del cultivo, a su incorporación con chapeo y rastra, cuando el 50% de las plantas inicien su floración. Una limitación importante para el adecuado y rápido crecimiento de Crotalaria juncea es el bajo valor del pH del suelo (3.0 a 4.5), por lo que conviene elevarlo antes de su siembra, a 5.0 o 5.5 mediante el encalado dolomítico, cuyo costo debe cargarse al cultivo y beneficiario principal, que es la piña.


La siembra de la Crotalaria juncea se hace con la suficiente antelación al establecimiento de la piña. Se realiza al voleo, después de incorporar los restos del cultivo anterior y la dosis de cal dolomita necesaria para reducir la acidez del suelo. Cuando es con fines de “abono verde”, no se le aplica fertilizantes, solo se le protege de plagas del follaje que pueden atacar las plántulas cuando están muy pequeñas, durante el primer mes de su ciclo. En el caso de establecer una siembra con fines de “multiplicación de semilla”, se debe seleccionar un terreno con la mejor fertilidad natural posible, protegido de los vientos del “norte” y de preferencia, contar con riegos de auxilio. Se siembra a chorrillo, en surcos cada 50 cm para que las plantas logren florecer también en sus laterales, aumente la producción de vainas y se facilite su corte manual para la trilla de la semilla. En este caso, es conveniente fertilizar con una dosis única de 25-25-25 kg de NPK, equivalente a 150 kg del fertilizante Triple 17, aplicado en banda lateral una vez que las plantas alcancen los 10 cm de altura. Las vainas deben dejarse que llenen y sequen completamente, antes de cortar las plantas y hacer “monas” con ellas, para llevarlas a un sitio adecuado y hacer la trilla de la semilla. Por ser una especie de “días cortos”, su mejor época de siembra es la de otoño-invierno, para ser cosechada antes de que se establezcan las lluvias. Una hectárea puede producir entre 500 y 1,000 kg de semilla, suficientes para sembrar de 20 a 40 hectáreas con fines de “abono verde”.


Para mejorar se desempeñó nutrimental, las semillas pueden inocularse con hongos micorrízicos de probada eficiencia en piña y con la bacteria Rizobium (cuando no hay evidencia de cepas locales), para mejorar la formación de nódulos fijadores de nitrógeno. Así, el suelo de los lotes tratados queda inoculado con estos fertilizantes biológicos, por lo que ya no es necesario aplicarlos a las plantas de piña recién establecidas, salvo que el productor decida aplicarles una dosis de refuerzo, la cual nunca estará de más.


La serie de prácticas rutinarias y cíclicas que incluyen la incorporación de los residuos de la cosecha anterior, la corrección del pH del suelo con cal dolomítica, la siembra e incorporación de Crotalaria juncea como “abono verde” y la fertilización biológica con micorrizas y otras fuentes de origen natural, es la base para el mejoramiento del suelo con fines de una producción sustentable de piña.


Comentarios


¿Dudas, comentarios?

¡Gracias por escribirnos!

8pngwing.png

Suscríbete a nuestro newsletter

Suscríbete a nuestro boletín para recibir novedades, consejos, noticias y más directamente en tu inbox!

¡Gracias por registrarte!

bottom of page